PARAURBANISMO



1.
Espacios públicos convertidos en lugares de trabajo, infraestructuras abandonadas transformadas en
improvisadas zonas de ocio, cementerios habitados por los vivos, pequeñas áreas colonizadas por
inmigrantes, viviendas abandonadas ocupadas por jóvenes anarquistas, fronteras transformadas en
áreas de intercambio comercial. Estos son solo algunos de los nuevos fenómenos urbanos a los que
se enfrentan las ciudades contemporáneas, caracterizados por la informalidad e ilegalidad, pero
sin embargo capaces de activar áreas urbanas aparentemente dormidas. Si el paramilitarismo es una
alternativa ilegal al militarismo de Estado, entonces el paraurbanismo es un urbanismo alternativo al
urbanismo convencional basado en el control y la planificación exhaustiva, en este caso basado en
lo ilegal e informal.

El suelo urbano de las actuales ciudades es cada vez más versátil, ya que este se destina a múltiples
y diversos usos en función del tiempo o a actividades distintas al uso originalmente establecido. Así
un estadio puede ser un mercado, un estacionamiento puede ser una cancha o un terreno
abandonado puede ser acogedor. Estas actividades se benefician de la existencia de una
infraestructura existente, que ocupan y activan ocasionalmente sin que sea necesario un esfuerzo
especial para organizar el espacio sino a través de elementos comunes y corrientes que transforman
el espacio público de acuerdo con unos patrones organizados. Estas, involuntariamente, son
manifestaciones del fracaso y lo inadecuado del diseño urbano a la hora de permitir y potenciar las
prácticas de sus habitantes, y a la progresiva imposición de estándares que no consideran el uso de
los espacios públicos para actividades improductivas, ilegales o insuficientemente significativas.

2.
Estos fenómenos urbanos muchas veces están ligados a factores económicos, como respuesta a la
escasez de fuentes laborales y a la inexistencia de lugares formales donde poder ejercer la actividad
comercial. Este fenómeno afecta a prácticamente la totalidad de las ciudades tercermundistas, en
las cuales el llamado comercio ambulante ha crecido a niveles preocupantes. Este comercio informal
de una manera parasitaria se cuelga de los importantes flujos peatonales existentes. Cada mañana
arman sus improvisados puestos de venta en plenas calles de la ciudad. Allí trabajan, comen,
conversan, y a veces venden. Su calefacción es el café compartido, su techo es el nylon improvisado
y su aire acondicionado es lo que le permita la sombra. Ser ambulante no es fácil, pero algunos lo
hacen, no porque les guste sino porque es lo único que pueden hacer. A decir verdad no pueden
hacerlo, pero lo hacen, y ese es el punto.

Casos hay muchos, como La Salada en Buenos Aires, que se ha convertido en la feria informal más
grande de Latinoamérica. En un suburbio marginal, sobre las ruinas de balnearios populares
clausurados, conviven y trabajan comunidades inmigrantes de Bolivia, Perú, Paraguay y del interior
de la misma Argentina. La mayoría de sus productos provienen de talleres clandestinos que fabrican
ropas de imitaciones de grandes marcas. Pero en la feria no sólo se comercia, también se festeja,
se realizan celebraciones religiosas y se organizan asambleas: es un campo estratégico donde se
afirma la identidad de inmigrantes y trabajadores. Lejos de tener algún estatuto legal, La Salada
establece sus propias leyes y consigue que sea el Estado quién corra por detrás de su propia
realidad. Al otro lado del Atlántico el escenario no es muy distinto. Un estadio abandonado de
Varsovia fue convertido ilegalmente en el mercado de Jarmark Europa. El mercado ocupa la corona
superior del estadio, los estacionamientos y las calles de acceso. Está constituido por miles de
puestos provisionales, propiedades de polacos, antiguos ciudadanos de la URSS, asiáticos y
africanos, que lo convierten en el mercado más grande de Europa. Estas actividades mercantiles
informales, al alcanzar una cierta escala comercial y social, implican una organización clara y una
gran determinación por parte de sus actores.

A primera vista estas informalidades actúan de modo anárquico, pero esta aproximación no aguanta
una mirada más detenida, donde se evidencia una organización regida por un sistema de normas y
de tiempo precisos, respetado en silencio por todos los actores implicados. Estas leyes no-escritas
son el resultado de relaciones humanas estrechas, que desde siempre caracterizan los intercambios
comerciales y sociales. Lo que parece aleatorio e improvisado incluye unas redes muy elaboradas de
organización, y aunque no sea evidente, se trata de situaciones con una elevada planificación.

3.
Estas nuevas manifestaciones del espacio publico no solo pueden manifestarse por necesidad sino
que pueden hacerlo simplemente por placer. Es así como a lo largo de los últimos años la falta de
lugares de encuentro ha obligado a los jóvenes a adoptar otros lugares y transformarlos en espacios
de socialización. Las infraestructuras urbanas sin un usuario definido son colonizadas, y el uso para
el que fueron proyectadas se convierte en el trasfondo de nuevas y diversas situaciones. Estas
invasiones periódicas demuestran hasta qué punto el carácter definido de un lugar puede ser
transformado por la iniciativa de individuos o grupos capaces de reinterpretar el espacio urbano. Los
nuevos lugares de encuentro son las áreas de servicio, los estacionamientos de centros comerciales,
las zonas comunes de grandes complejos arquitectónicos o áreas abandonadas.

Es así como al mejor estilo de películas juveniles hollywoodenses, jóvenes chilenos arriba de sus
“enchulados” automóviles se reúnen para correr carreras clandestinas. Aeródromos, viejas vías
abandonadas, balnearios, e incluso las propias calles de la ciudad son los escenarios escogidos para
efectuar los llamados “piques”. La persecución por parte de las autoridades los ha llevado a cambiar
constantemente los lugares de esta práctica ilegal, exigiendo un lugar apropiado para realizar esta
práctica deportiva hasta hoy inexistente. En Sao Paulo los espacios residuales bajo las autopistas -
legados por el llamado progreso de los actuales sistemas viales - son utilizados como gimnasios,
escuelas deportivas y de artes marciales que intenta atraer a las poblaciones en situación de extrema
vulnerabilidad social - principalmente, sin techo, ex adictos y ex presidiarios, niños y adolescentes
en situación de riesgo - y promover acciones de reintegración social por medio del deporte. A pesar
de esto, los gimnasios son sucesivamente desalojados por los municipios, pero estos vuelven a
montarse con equipos improvisados en otro residuo urbano. Neveras o neumáticos de camión se
transforman en sacos de arena, ejes de camión se utilizan como pesas y amortiguadores pasan a ser
equipos de musculación. Otro fenómeno igualmente vinculado al ocio - fenómeno principalmente
europeo - son las concentraciones nocturnas que giran alrededor de la música tecno, llamadas rave
parties. Son acontecimientos que requieren de una larga preparación y que se consumen en pocas
horas; que se repiten en distintos lugares pero casi siempre en zonas industriales o agrícolas en
desuso o marginales.

Esto demuestra que el habitante de la ciudad no es una víctima de la ciudad, al que hay que cuidar y
proteger en un entorno controlado y discreto, el entorno no tiene que estar necesariamente adaptado
a los supuestos deseos del habitante, es el mismo quien se adapta a él. El habitante de la ciudad
participa de una forma activa dentro del entorno en el cual se desenvuelve. Tiene todos los medios, la
capacidad y la voluntad para hacerlo.

4.
La comunidad inmigrante peruana en Santiago de Chile ha experimentado un crecimiento explosivo
en los últimos quince años que ha ocasionado altos grados de marginalidad. Así mismo se ha
caracterizado por la ocupación intensiva e informal del costado de la catedral de Santiago como
lugar primordial para todo tipo de intercambios – “la pequeña Lima” como la llaman. Reunidos allí
todas las mañanas, a la espera de que los recojan para realizar algún trabajo temporal, los
inmigrantes han generado un lugar con un cuerpo unitario. Sumado a que en su totalidad viven en los
llamados “conventillos” - viejas construcciones continuas de un solo piso comunicadas entre si a
través de un pasaje peatonal - donde viven hacinados pero unidos por su acento y tradiciones,
transformando estos lugares en pequeñas “embajadas” de su país.

La Plaza Kantuta en Sao Paulo se transforma todos los domingos¬ en un rincón boliviano en Sao
Paulo. En ella se establecen relaciones de diverso orden - gastronómico, artístico, de oferta de
trabajo y de otros servicios. Mientras tanto, a pesar de la situación de clandestinidad reinante,
tales relaciones vienen siendo progresivamente capturadas y codificadas, ya sea por las normas y
posturas municipales (higiene, estandarización de las instalaciones, etc.), ya sea por las redes
culturales y financieras, que no sólo pasaron a apoyar la realización del evento sino que aplican un
recargo a los canales de remesa de dinero.

5.
Los tiempos de la ciudad no son los tiempos del urbanismo. Es así como una de las principales
(malas) características del actual urbanismo híper-planificado es su lentitud para hacer frente a las
actuales demandas de la población. Es por esto que la incapacidad de las autoridades ante al
constante crecimiento de la población y poder dotarla de una vivienda digna se ha visto reflejada en
modos alternativos de urbanidad. Es así como han surgido asentamientos urbanos informales
determinados por la auto-construcción, la auto-organización y el auto-control. Pequeñas ciudades
dentro de otras ciudades, con sus propias reglas de convivencia. En Chile se les conoce como
Poblaciones Callampa, en Argentina Villas Miseria, en Brasil Favelas, en Perú Barriadas.
Este es el caso de ciudades como Manila y El Cairo, que se han expandido de tal manera en las
últimas décadas, que como respuesta a la sobrepoblación y el hacinamiento, los cementerios han
sido colonizados por miles de familias que los han transformado en una necrópolis próspera, con
espacios públicos, una infraestructura de servicio, aulas e incluso karaokes. Todo lo que una
verdadera ciudad necesita. El número de viviendas dentro de estas Necrópolis se ha disparado de
manera exponencial, al punto que en la ciudad egipcia de El Cairo extraoficialmente se calcula
que el número de habitantes de esta ciudad improvisada alcanza los dos millones de personas. La
necrópolis se ha convertido en metrópolis. Los dueños de estas tumbas permiten a estas familias
que habiten los panteones a cambio de velar por su mantenimiento o por algunas monedas. Algunas
familias terminaron aquí casi por casualidad. Los caminos desordenados que forman las sepulturas
dan al lugar la imagen de un barrio más, donde los panteones más amplios han sido convertidos en
tiendas de comestibles, y los más accesibles, en pequeñas viviendas. Pequeñas casas son
construidas improvisadamente entre o sobre las criptas. La gente que vive aquí logra extraer
sustentos de los muertos; los adolescentes llevan ataúdes; los niños recogen la chatarra, el
plástico, y otra basura para vender; sus padres son empleados para reparar y mantener tumbas
mientras las madres mantienen el hogar. Esto es una reutilización adaptable realizada en una escala
urbana, una reflexión de realidad económica y la creatividad comunal más que una indiferencia
particular para los muertos.
En Tokio, los llamados “sin-techo” se han apropiado durante las noches de las estaciones
subterráneas, donde encuentran un lugar seguro y cálido donde pasar las noches más frías. Aquí
llegan en masa con sus escasas pertenencias, se agrupan, hablan sobre su día, se cubren, duermen,
y muy temprano por la mañana - antes de que se abran las puertas y los usuarios lleguen - se retiran
sin dejar rastro alguno de su permanencia nocturna. De estos, los más “afortunados” han creado un
verdadero barrio al interior del Parque Ueno de Tokio. Aquí han construido cientos de frágiles y
pintorescos refugios de lona azul. No tienen permiso para erigirse allí, pero las autoridades
japonesas son asombrosamente tolerantes con su existencia. Quizá una de las razones sea que
estos refugios no son monstruosidades improvisadas y hacinadas, sino estructuras hechas con
cuidado, bien diseñadas y construidas. Son creados por sus habitantes teniendo en cuenta el clima
y la ubicación elevándolos sobre plataformas para evitar la humedad y proporcionarles ventilación,
utilizando elementos del propio paisaje urbano.

6.
De igual manera que la eterna promesa sesentera de “sexo, drogas y rock and roll”, y lo único que
conseguimos fue Sida, Prozac y MTV, la ciudad contemporánea es producto de la modernidad que
fantaseaba con el orden, funcionalidad y planificación, y lo único conseguido fue caos, improvisación
y un eterno sesgo de ingenuidad y buenas intenciones. Las actuales ciudades son fruto de ese fracaso.
Estas se habitan, luego se habilitan. El caos es la norma, no el accidente. Lo formal es la anécdota, lo
informal es la regla. Aunque en el paraurbanismo nada parece organizado ni planificado a la manera
del urbanismo tradicional, existe un modelo, y funciona, tal como ha sido pensado. Es un urbanismo
contestatario, de protesta. Es inmediato. Es espontáneo. Pero por sobretodo es efectivo.